Ninguna de las dos existe en solitario.
Se construyen junto a quienes habitan y cuidan el territorio.
Nuestro trabajo no sería posible sin las alianzas que tejemos en cada territorio. Trabajamos de la mano con instituciones educativas rurales, que abren sus aulas y su tiempo para que la educación biológica sea parte del aprendizaje de sus estudiantes. Caminamos junto a familias campesinas y comunidades locales, quienes conocen el territorio de primera mano y son las verdaderas guardianas de la biodiversidad que buscamos proteger. Articulamos también con propietarios de predios de conservación de la sociedad civil, que ponen sus tierras al servicio del aprendizaje y la conservación a través de nuestra red de Aulas Vivas para la Biodiversidad. Y sumamos esfuerzos con otras organizaciones e iniciativas territoriales que, como nosotros, creen que el futuro del piedemonte llanero se construye entre todos.
Cada una de estas especies es mucho más que una fotografía: es la razón de ser de nuestro trabajo de conservación. Desde el mono aullador hasta el saltarín cola de alambre y el oso palmero, estas son las especies que dependen de que los ecosistemas del piedemonte llanero sigan en pie — y las mismas que niños, niñas y jóvenes aprenden a reconocer y a cuidar a través de nuestro Programa de Educación Biológica. Protegerlas no es un gesto simbólico: es la medida más concreta de que nuestro territorio sigue vivo.

El corazón del Programa de Educación Biológica (PEB) de Medina son las familias que abren sus predios para que la conservación se convierta en aprendizaje. Cinco reservas naturales, repartidas en distintas veredas del municipio de Medina, funcionan hoy como aulas vivas donde estudiantes, docentes y comunidades aprenden directamente del territorio: Sara, en El Jardín de Gazagunta; Clara, en La Ponderosa; Sasha y Pablo, en La Fortuna; Marcela, en Los Taitas; y Diana y Juan, en Villa Oso. Cada familia trabaja de la mano con la institución educativa de su vereda.
vereda, tejiendo la educación, la conservación y el cuidado de la biodiversidad en una misma experiencia de aprendizaje.
Nada de esto sería posible si lo hiciéramos solos. Este trabajo se sostiene en una alianza que une lo público, lo privado y lo local. Desde lo público, contamos con el respaldo de la Alcaldía de Medina, la Gobernación de Cundinamarca, el Ministerio de Ambiente y las autoridades ambientales regionales, Corpoguavio y Cormacarena. Desde la cooperación y el sector privado, caminamos junto a Tides, Permian Colombia, Gramor Colombia y Gazagoa. Y en el centro de todo, las familias, instituciones educativas y comunidades locales que abren su territorio para que la educación biológica sea posible. Es esa combinación de actores, cada uno aportando desde su rol, la que nos permite sostener procesos de conservación a largo plazo











